miércoles, 19 de junio de 2013

RICARDO


 

 
 
 
Ricardo es un joven de apenas treinta años de edad. Arquitecto de profesión y amante de la historia en general. De no haber sido arquitecto le hubiese gustado ser profesor de historia, periodista y/o escritor. Le encanta la lectura como el café, sus dos grandes pasiones. Siente la necesidad de escribir sobre distintos temas; temas por supuesto que le parecen interesantes nada más a él. Cree además que tiene una obligación moral de escribir sobre las cosas que ha visto, escuchado y vivido. De pequeño, y hasta cierta parte de su adolescencia, vivió en distintos países siendo México el país donde más años radicó. Su familia se dedica al circo. Trabajan como artistas de circo. Su padre fue un destacado trapecista, su abuelo ¾ el papá de su papá¾ es un extraordinario payaso, sus tíos también lo son, en menor escala por supuesto. Ricardo también fue payaso y fue conocido como el payasito Fatiguín, pero nunca se sintió cómodo del todo. Sabía que no era lo suyo. El papá de su mamá fue ¾ junto con el papá de su papá¾ quien trajo por primera vez un circo al Perú. Su abuelo fue domador, acróbata, payaso y empresario de circo; de joven cantaba tangos en las radios bonaerenses. Y hay quienes dar por cierto que el abuelo tuvo un romántico pero fugaz romance con una joven rosarina que años más tarde sería famosa haciendo películas en México y luego novelas, y a quien el mundo le lloraría en el doce de diciembre del año 2000, fecha en que falleció La Novia de América.

Ricardo, tratando de no romper la tradición que remonta generaciones, comenzó a leer libros, de esta forma podía escapar, volar, esfumarse y hasta desaparecer y perderse en las vidas y aventuras de otros. Sin embargo, y luego de hojas literarias devoradas, se dio cuenta que el circo le había dado un regalo a cambio, un obsequio que en manos hambrientas, podían resultar buenas historias, anécdotas y vivencias, y bueno, quizá por qué no, en el sueño dorado de Ricardo, un Libro. De momento se tranquiliza con el hecho de escribir algunas cositas en un blog que ha creado elburrohabladeorejas. No le va mal. Y se alegra cuando al revisar se percata que sus publicaciones tienen más lectores. Por supuesto que le jode tener más de 323 “amigos” en su red social y ver que únicamente 35 personas leen sus publicaciones  «Bah. No todos somos un Mario Vargas Llosa o un Octavio Paz como para tener una centena de seguidores, pero ahí vamos...», se consuela Ricardo.

 

Les contaba que Ricardo siente que tiene un deber moral con la sociedad; el de contar las cosas que vivió, oyó y vio; de las que fue testigo involuntario, y de los escándalos más sonados en el mundo circense. Piensa que si logra perfeccionar su técnica literaria, o cualquiera técnica que le permita escribir un buen libro, podrá ser un Best Seller y que de seguro el libro de Agua para Elefantes será un embrión literario, un librillo cualquiera comparado con el suyo al tratar de narrar la vida circense. Pero aun no da el primer paso. Hay veces que se emociona, le llueven los recuerdos, que son muchos, y se siente inspirado, iluminado, las musas en mallas y lentejuelas los ilustran, él se prepara, se alista, y con cafecito en mano, teclea lo que podría ser su libro. Sin embargo, a medida que avanza, se queda. La inspiración y recuerdos que le cayeron como a borbotones se van por el drenaje de la impaciencia «Esto de ser escrito es una huevada…», se dice. Pero Ricardo no se desespera, sabe que tarde que temprano lo hará. De momento escribirá pequeñas piezas de lo que más tarde será su obra maestra. ¿Título? Bueno, primero que termine su obra y luego va por el nombre.

Sin embargo, ahora Ricardo, ya un hombre casado y con dos hijos, se siente algo intimidado hasta de escribir en su blog, o por lo menos de usarse él mismo como personaje principal, y es que en muchas de sus historias prefiere ser él quien las represente, así, de este modo, no tendrá por qué dar nombres reales (por más que le gustaría) a sus memorias circenses.

¿Por qué?

Un día su amada esposa Brisa se atrevió sin intención maliciosa a leer algo que él había escrito y guardado en su portátil cuyo título es «Cuando perdí 15 dólares…» Por supuesto que su esposa, quien sabe las debilidades literarias de Ricardo, hurgó el contenido de dicho título sin la venía de su amado esposo. Pensó, al juzgar por el nombre, que se trataba de alguna travesura de niño cuando perdió quince verdes, o algo por el estilo. Sin embargo, no fue así. Ricardo, que ignoraba por completo que estaba siendo ultrajado por su querida, dejó que leyera lo que pensaba se trataba de algún e-mail enviado a ella, nada más. Pero luego, cuando Brisa culminó de leer la historia que escondía tan inocente título, con mirada de asombro y con los ojos formando una perfecta «O» le increpó y le preguntó en tono de recochineo, quién era ese sujeto a quien por quince dólares, una piruja de cabellos rubios, tetona y de baja estatura, le habían chupado el pene. «Responde pues», precisó la señora de casa. Ricardo se quedó pasmado, helado y algo avergonzado. Una inyección de ardor, bochorno tal vez, se apoderó de su mejillas, y es que jamás pensó que su amada sería capaz de leer algo que no fuera de ella o dirigido a ella. Ricardo se sintió vulnerado. Pero se repuso casi de inmediato y, con el temple y picardía que lo caracteriza, le explicó que se trataba de un amigo que tuvo cuando él (Ricardo) tenía dieciséis años y vivía en Estados Unidos de Norteamérica, y que todo sucedió en la gira que hicieron con el circo Hermanos Vázquez en el año 2000. «Listo, ya está. Zafé…», pensó Ricardo. Pero Brisa, con el instituto de hembra segura, lejos de creerle, siguió con sus interrogativas. «Amigo, ¿no? Así te dices a ti mismo. Así que una puta te la chupó y bien chupada por quince dólares. No te hagas el loquito conmigo Ricardito, y cuéntame qué más te hizo, ok…» Para sorpresa de Ricardo, el tono de su esposa seguía siendo condescendiente, burlón y ameno. Ricardo le siguió la corriente, y queriendo seguir la joda por un tiempo más, le dijo que no se trataba de él. «Qué jodida eres, amor. Ya te dije no soy yo». Pero Ricardo no podía evitar reírse con cada palabra suelta, pues le causaba gracia ver a su mujer en una supuesta pose de “esposa celosa”. «Amor, esa pose de mujercita celosa-caprichosa con cara de niña engreída estirando la trompita con cara de hurón, no te va…» No hubo mayor discusión sobre el tema, pero Ricardo sabía, y sabe, que su esposa no le creyó del todo, y que para ella, ése fulano que había experimentado los placeres sexuales con una putita de quince dólares,  cuyas características físicas eran caprichosamente parecidas a la de su esposo, era su esposo, y punto.


Desde entonces Ricardo se siente algo limitado; sabe que si escribe algo fuerte, con contenido erótico o sexual, su esposa pensará que está recordado sus ayeres romanticones de joven circense persigue tetas. Cosa que no es cierto. Bueno, no del todo. Por ejemplo, hace un par de meses Ricardo publicó en su blog una pequeña historia de una señora que pasea a su perro siempre en la madrugada, y que para acompañarse, siempre enciende un cigarro. Ricardo le hecho rienda suelta a su imaginación y, luego de narrar parte de la historia, la tituló «Una dama en la madrugada» Brisa, quien se percató de la publicación a través de su Black Berry, y sin leer si quiera el contenido, echó una mirada asesina su esposo y con voz de tal, y letal, le dijo: «Cuidado Ricardo con lo que estés escribiendo. No te quieras hacer el vivito conmigo…» Sin embargo en ésta ocasión el esposo amenazado se sintió ofendido, incomodo, molesto y hasta irritado. «Puta madre. Ahora no puedo escribir lo que veo, lo que siento o lo que me inspira sin ser acosado.... Qué joda», pensó Ricardo notoriamente ofuscado. Obviamente sería difícil poder escribir sobre algo o alguien sin que Brisa pensara que lo que estaba haciendo su marido era reflejarse en los personajes y vivencias que narraba. Si se cuestionaba ¾ o cuestiona¾ lo que él pudiese escribir, la cosa estaba jodida. Bajo esa amenaza, cómo escribir entonces la vez que Ricardo, cuando niño, recibió su primer beso. Escribir por ejemplo aquella vez en que un amigo de él, por darles de bacán, del pendejito del circo, grabó a una chica teniendo sexo, y que al final la chica, cuyo apellido es más que complicado de pronunciar, quedó embarazada, y que todo el mundo, o bueno, los más allegados, se ganaron con el video, y lo que es peor, la chica al final se casó con él, y él, sumamente avergonzado por haber mostrado el video sexual de quien ahora era su esposa, quemó la cinta, y cómo al final de la historia, el tipo resultó ser gay. Qué se podría pensar… ¿qué Ricardo es el del video? Ni en pedo, Ricardo en aquel entonces tenía trece años. O por ejemplo escribir la vez que fue testigo ocular de cómo un novato dueño de circo, o mejor dicho, uno de los hijos del dueño del circo ¾ simpático él, de tez clara y talla respetable, con ligeros tics en los ojos, ganador, junto con sus hermanos, del primer puesto del Primer Festival de Circo en México¾, le fue infiel a su guapa e interesada esposa con la mujer del malabarista del circo. ¿Venganza tal vez? ¿Se habría enterado que su esposa, en secreto, seguía amando a su che? «Ramiro, tu esposa se puede enterar», dijo la descomunal mujer. «Me vale madre. Además, bien que se casó conmigo por mero interés. Cree que soy un pendejo y que no me doy cuenta como por detrás de la cortina mira el acto de los Malambos y poder ver a Paulo. Que se chingue también» Precisó Ramiro al tiempo que con sus manos recorría la fina estampa de La Otra. Y  es que era un secreto a voces que Isabel, guapa mujer de media estatura y muslos encantadores, se hizo novia y luego esposa del hijo del dueño dejando roto el corazón de un joven y talentoso argentino dueño de una habilidad única en el malambo, Paulo.

¡Oh sí, en los circos también se cuecen habas!

¿Y qué, también tendría que pensar que el infiel fue Ricardo?…ni en pedo tampoco; Ricardo tenía quince años. Y bueno, por último, ¿tenía algo de malo que Ricardo escribiera parte de sus propias experiencias? No. No tenía nada de malo. Pero ahí no termina la cuestión,  la cosa se pone color de hormiga, y es que el buen inspirante a escrito, además de circense, había sido estudiante preuniversitario, luego universitario y después abogado, por tanto, tenía (y tiene) un abanico de historias dignas de plasmarse en una hoja, como aquella mañana de sol radiante que abrazaba la facultad de leyes cuando una chica de cabellos largos y figura esbelta le propuso tener sexo de inmediato a Ricardo « ¡En serio!, ¡¿ahora?!» «Sí. Es en serio, Ricardo, ¿vamos…?». ¿Qué paso con esa invitación tan tentadora para un joven estudiante soltero y sin compromiso alguno? Bueno, Ricardo lo desea contar. O también contar cómo fue que un profesor corrupto de la facultad pidió a los alumnos veinte dólares por cada uno para realizar el examen final de Derechos Constitucional con cuaderno abierto. «Muchos, ¿quieren aprobar el curso de Actualización y no jalar Derecho Constitucional? ¿Sí?, ¿No? Ya saben cómo es…» Lanzó el profesor designado a tomar el examen final de derecho constitucional como si se tratara de cualquier verdura. En esos tiempos de universitario, Ricardo se hacía de dinero dando masajes relajadores en el hotel Los Delfines en el destacado y pituco distrito de San Isidro; llegó a dar masajes a los turistas gracias al enamorado de su prima que trabajaba como recepcionista en dicho hotel. Cuando los extranjeros solicitaban masajistas, el recepcionista no lo dudaba y masajeaba a Ricardo: «Primo, han pedido un masaje para las 7pm. Habitación 302. El cobro es de doscientos dólares; el treinta por ciento es para mí, hablamos» Ricardo aprovechaba la oportunidad y se hacía de unos cuantos verdes. Daba masajes a españoles, franceses, italianos, gringos y británicos. Un día, mientras comenzaba a masajear la pálida espalda de un español cuarentón con look de fraile olvidado, con barbita de náufrago, le preguntó si daba servicio completo: « ¿Completo? No entiendo» «Que si te animáis a tener sexo, chaval…», curioseó el extranjero con tono amical.  «No disculpe. Únicamente doy masajes relajadores», replicó Ricardo con voz temblorosa.  «Venga que no pasa nada, chaval. Pero dime, sabéis dónde puedo tener sexo pasajero. No me quiero ir de vuestro hermoso país sin llevarme un recuerdito de vosotros». Y así como esas propuestas, tuvo miles. Y desea contar cada una de ellas con lujos y detalles. Pero Ricardo es hijo, hermano, sobrino y primo. Qué decir entonces sobre las cuestiones familiares…uhmmm, ahí la cosa arde. Y es que la familia de Ricardo tenía (y tienen) lo suyo. Qué pasaría entonces si Ricardo se animaba a contar la vez que uno de sus primos se quedó a pasar año nuevo en la casa de una de sus tías, y su prima, muy entrada en copas, se le insinuó a éste primo: se besaron, se sedujeron, se desnudaron y terminaron teniendo, según se supo, el mejor sexo que éste primo puedo experimentar con su prima. Ufff….Si Ricardo se animará a escribirlo, capaz que le piden el divorcio y punto, se acabó. «A mí no me vengas con huevadas, Ricardo. Te has tirado a la puta de tu prima en la casa de tu tía en pleno año nuevo. Eres una mierda. Me voy… te odio, hijo de mil putas…asqueroso, sucio de mierda. Es mas, tú lárgate. ¡Maldito!», ¿Sería la reacción de su esposa? Ricardo comenzaba a sentirse mal, qué hacer ante tales circunstancias. Y luego, del otro lado, estaba la familia. Las interrogantes estarían a la orden del día; los primos lo acosarían tarde y noche por saber qué primos fueron los pecaminosos que se entregaron a las más bajas pasiones en pleno año nuevo, y en la casa de la tía. O por ejemplo, se atrevería a contar como una noche de frío julio de 1994, en el cuarto principal de la casa, donde ya hacían en los cálidos brazos de Morfeo Ricardo, su primo, una prima que se encontraba de visita, la tía ¾tronco de hembra bien puesta, y casada¾ recibió una sospechosa llamada muy entrada la madrugada, al parecer era un joven seductor universitario a quien la tía, con voz queda y muy cachonda le decía: «Ay mi chiquito. Te extraño mucho. No lo puedo creer, en serio no lo puedo creer. Me encanta cuando recorres mi cuerpo. Tu lengüita mojando todo mi ser, uhmmm... qué rico. En verdad te digo que me encantas, chiquito. ¿Mañana? Ok, ok. ¿A qué hora sales de la Universidad? Ok, ok. Mañana seré tuya una vez más. Ya…perfecto. Chaíto», y la tía colgó el teléfono sin percatare que su pequeña pero adulterina conversación había sido escuchada por Ricardo, quien fingió seguir durmiendo ante los ronroneos de su tía, la tía.  ¿Qué pasaría entonces, la tía  lo llamaría para regañar a Ricardo por escribir algo que pasó hace ya 19 años? Ricardo veía como la vela que alumbraba su camino como escritor incipiente se iba apagando, lo que es peor, ni siquiera la había encendido. «¿Así se le habrá ido a Mario Vargas Llosa cuando escribió Pantaleón y las Visitadoras?», se preguntaba Ricardo. “Eres un pendejo promiscuo de mierda Mario”, ¿le habrá espetado doña Patricia Llosa? Y cuando Gabriel García Márquez escribió Memorias de mis putas tristes, su esposa, doña Mercedes Barcha¿Qué le habrá dicho? ¿Lo habrá insultado con ese dejo colombiano tan rico para las carajeadas? “Usted a mí no me la hace. Usted es ése viejo rabo verde que sale en su novela, no se haga. Eres un viejo cochino, usted es un gonorrea triplehijueputaaaaa”. «Si es así, voy por buen camino. Si es así, ahí vamos Premio Alfaguara. Sí es así, serás mío Premio Príncipe de Asturias. Sí es así, allá vamos, Nobel», se volvía a consolar Ricardo.                      

Pero Ricardo no se daría por vencido. Comenzaría a leer más y más con la finalidad de pulir y encontrar un estilo propio, ¿Historias por contar? Tiene todo un abanico ¿Tiempo? El necesario. Dos cosas eran seguras: Uno, la mayoría de historias que contar no eran aptas para cucufatos amantes del rosario y del padrenuestro. Dos, muchas de ellas levantarían polvo entre los más allegados. Perfecto entonces. Ricardo no dejaría pasar la oportunidad de darle vida a una de sus pasiones, la escritura. Y es que como les conté al inicio, Ricardo tiene y siente la obligación moral de contar lo que ha vivido y lo que ha visto. Y es que en verdades todas y todos tenemos una historia que contar, solo hay que animarnos, y listo.

 

Lima, 19 de junio de 2013.

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

CRUZ AZUL.





CRUZ AZUL

CANTERA DE VERDADEROS HINCHAS

 
El domingo pasado se vivió una de las finales más cardiacas de los últimos años. Se jugó la final del Torneo Clausura 2013 del futbol mexicano, y como ya es casi costumbre, una cruel y caprichosa costumbre, el Cruz Azul tuvo el campeonato en su bolsillo hasta el minuto 87, pero sólo eso duró, 87 minutos, pues nuevamente el club América ahogó nuestro grito de: ¡CRUZ AZUL, CAMPEÓN!

 Nos aguaron la fiesta.

Soy peruano pero crecí en México; desde que tengo uso de razón y gusto por el balón pie, el equipo de mis amores viste de color azul y blanco y su escudo es una cruz. Los mal hablados y poco ilustrados señalan que soy azulino porque en 1994 llegó el jugador peruano Juan Reynoso Guzmán, hoy técnico del Cruz Azul Hidalgo, al azul. Sin embargo dicha afirmación es falsa. Mi amor por la Máquina nació mucho tiempo atrás. Lo de Juan Reynoso fue solamente un plus a mí ya definido compromiso con los cementeros.

Dicho eso, sigamos con la final.

El futbol, como muchos deportes, carece de lógica. Caso contrario, el campeón debió ser el Cruz Azul, tan simple como ello. Pero como les dije, no hay lógica en el futbol. En honor a la verdad, el justo ganador, y por obvias razones, fue el club América; sin embargo ello no significa en lo absoluto que dicho club halla dominado el encuentro, como así lo han chillado muchos de sus seguidores, quienes enceguecidos por el amor a la camiseta han soltado frases tales como «nos pasamos al cruz azul por el culo» o «somos los más chingones» o «el único equipo en la cancha fue el América». Ante estos bufones e hilarantes comentarios cabe hacer la siguiente pregunta:

¿QUÉ PARTIDO VIERON LOS HINCHAS DEL CLUB AMÉRICA?

Pues el partido que yo vi, el transmitido por el canal de Televisa San Ángel, tenía una esencia muy distinta al que hacen referencia los seguidores del actual campeón. Quizá, como les dije, la fiebre de la victoria nubló la vista y perjudico los demás sentidos de tan ofuscados seguidores. Y es que lo cierto es que el Cruz Azul dominó casi todo el partido: la defensa era dura de pasar, la media robaba pelotas a diestra y siniestra y los delanteros llegaban con suma facilidad al arco resguardado por Moisés Muñoz. Tan ese así, que “el jugador del partido” fue precisamente el guardameta americanista. Cierto, el club América tenía un hombre menos; bueno pues, quién manda a Cruz Medina a cometer semejante falta. La roja, a mi parecer, fue bien merecida. Claro, los comentaristas de Televisa, muchos de ellos águilas de closet, rebuznaban de que la falta no merecía tan alta sanción, la de ser expulsado.

Cruz Azul planteó un mejor juego, no dejaba jugar a su rival y lo puso ante contra la pared. Jugó bien. Sin embargo, La Máquina, demostró que pese a su joga bonito, no era el digno a llevarse la copa. Me duele decirlo, escribirlo, pero lo es. El partido no dura noventa minutos, no señor. Dura lo que señale el juez, el árbitro. El pitazo final es el que sentencia en término del partido, y punto. Cruz Azul pecó. Así es, se sintió campeón sin serlo, menospreció a su rival, y con la soberbia de quien mira a un enemigo derrotado y con hastío, se confió. Creyéndose ganadores, tocaron y tocaron la pelota sin concretar un segundo gol ¾el tercero el global¾, que les asegurara la victoria. Corrieron y llevaron el balón por toda la chancha, hacían perfectas paredes, una que otra jugada de lujo, y todo eso, para nada. Si algo demostró el club campeón, es que el partido se juega hasta el juez decida.

No sé si fue por amor a la camiseta o compromiso con los hinchas, no lo sé, pero las águilas demostraron garra y ganas de salir campeones, por eso, ante la soberbia que nubló la inteligencia de los once guerreros azules, les marcaron el primer gol en el minuto 88. Aun así, La Máquina campeonaba. Pero ese gol fue como un vaso con agua al sediento, reavivó la esperanza amarilla. Los americanistas nunca se sintieron derrotados, y pese a tener un hombre menos, se fueron a la carga con todo. Cruz Azul perdió el horizonte, no supo qué pasó ni cómo pasó, pero les empataron el partido. Distraídos y desorbitados siguieron en busca del gol que les permitiera congelar el juego del club América, fue inútil. Y al minuto 92 con 20 segundos ¾ faltando 40 segundos para el pitazo final¾ el guardameta Muñoz, en complicidad involuntaria de Alejandro Castro, metió el segundo gol de las águilas, el cual les permitió irse a tiempo extra; tiempo extra que fue de mero trámite para los azules, pues simplemente se avocaban a que el club América no definiera el partido en el tiempo de alargue, y es que las piernas de los jugadores cementeros estaban fusiladas, no daban para más, ¿Por qué? Porque no respetaron a su rival y corrieron toda la chancha sin inteligencia alguna, razón por la cual no pudieron sostener el ritmo que hidalgamente había mantenido hasta el minuto 87.

Soy cruz azulino, sí. Amo mis colores, sí. Estoy comprometido con La Máquina, sí. Pero ello no mengua en lo absoluto que hay que saber reconocer los errores y los aciertos de mi equipo. Y por eso lo digo con mucho coraje y mucho dolor, el Cruz Azul no mereció el campeonato de la Liguilla, no señor. No se puede jugar con soberbia. Y si algo hay que aprender del club campeón, es que no bajó los brazos ni un segundo.

Por supuesto, hay que felicitar al campeón y a sus hinchas, pero el hecho de reconocer que ganaron la Liguilla no es sinónimo de grandeza ni de mejor futbol que el del Cruz Azul. Pero a veces hay que entender a los seguidores del club ganador, es obvio que ante tanta mediocridad demostrada a nivel táctico y técnico, sientan que fueron muy superiores que La Máquina.

¡Ah! Se me olvidaba. Tras el partido, como si se tratara de la Cuarta Temporada de The Walking Dead, salieron los zombis de los hinchas derrotados en el torneo azteca, aquellos que comenzaron a vociferar contra el partido en general. Lo tacharon de mediocre y aburrido, y que si su equipo hubiese llegado a la final, hubiese sido mejor. Ante ello, solo cabe reírse, y es que ese “hubiera” es el único consuelo de tan pobres seguidores que, sintiéndose más hinchas que uno, se consuelan pensando en utopías. En honor a la verdad hay que decirles que si su equipo no llegó a la final es simplemente porque es malo y no pudo vencer a sus rivales de turno. A esos hinchas descarriados les aconsejo, si me lo permiten, que no alardeen de lo que no tienen. Que su amor por la camiseta no los traicione. Que sean honestos con ellos mismos. Y que sepan respetar el esfuerzo y el coraje de los equipos que dignamente llegaron a la final.

     

 En esta ocasión no salimos campeones, pero el futbol te da revanchas. Hoy somos orgullosamente Subcampeones de la TORNEO CLAUSURA 2013, DE LA LIGA MEXICANA.

Ya llegaremos a una próxima final, y entonces, al igual que ahora, nuestras gargantas estarán más que listas para gritar:
 
                                                          ¡CRUZ AZUL, CAMPEÓN!          
     

 

 

 
Lima, 29 de mayo de 2013.

 

jueves, 23 de mayo de 2013

PERÚ, TIERRA DE AVENTAJADOS




Hace una semana vi un reportaje muy interesante, se trataba sobre el tamaño del pene. La pregunta de entrada, de cortesía era: ¿El tamaño importa?

Según una reciente encuesta realizada por cierta Universidad Australiana, el tamaño promedio del pene en hombres latinoamericanos es de 15 centímetros de longitud, ganándoles por un centímetro a los orientales. Es decir, que el peruano promedio lleva entre sus piernas 15 centímetros de supuesta alegría.

¿Esto es cierto?

Yo no soy un experto en la materia pero he decir, con cierta modestia, que la encuesta realizada no se ajusta a la verdad. Y lo digo en serio. Y ojo, yo no ando pendiente del paquete o bultos ajenos, claro que no; ello no es parte de mis menesteres como abogado o aspirante a escritor. Pero debo decirlo: No es verdad. El peruano es un ser aventajado. Hasta ahora no he conocido a un hombre con pene chiquito, a los famosos chipi-boy o mani-boy. No sé en qué o en quiénes se habrán basado dicha investigación, pero lo cierto es que el Perú vive puro pingón.

¿No me creen?

Verán, en mi familia la mayoría son varones, prodigioso y [a]normales varones. Todos ellos dotados de un buen paquete sexual cuya hombría, según parece y según dicen, está garantiza al igual que el de ser buenos “amantes”. Mis primos, por ejemplo, en reuniones familiares siempre sacan el tema del tamaño del pene. Y hasta ahora, todos, sin excepción alguna, son laaaaargamente y anchamente felices.

Si uno les dice, por ejemplo:

¾Habla chipipapa.

¾¿Cómo te va?, ¡pichicorto!

Ellos te responden:

¾«Tas huevón. Cha´pasa. No te metas con mis diez pulgadas cabeza libre»

¾«Anda… pichulasa, weón»

¾«Fuera rctm. Hongazo…»

Son las respuestas que nosotros los varones tenemos ante la tildada de ser penechico. Y sin ir muy lejos, pregúntenle directamente a un caballero: ¿oiga, usted padece de microfalosomía, es decir, tiene un chicito como pene?   Lo más probable es que tan humilde caballero te responda con una ligera sonrisa diciéndote que no. Y que tan es así, que por su barrio lo apodan el «Mr. 35» Es decir, el tío es todo un John Holmes (famoso actor porno de la década de los 70s y 80s, cuya felicidad alcanzaba los 28cm, según me cuentan)

Desde que era niño siempre escuchaba presumir a mis demás amigos, todos bordeando los trece años, sobre “sus” bondades sexuales: entre más penón, más hombre. Es decir que en el supuesto de que un hombre tenga un pene cuyas dimensiones fueran menores que las señaladas por la estudio realizado, es menos hombre. Tan sencillo como eso. Punto, ni vuelta que darle. Por tanto, japoneses, coreanos, sur coreanos, chinos…y así, todos jodidos.

Preguntome:

¿Qué tanto pueden alardear unos mozalbetes de trece o catorce años sobre sus supuestas bondades sexuales cuando ni siquiera han alcanzado la plenitud de su desarrollo físico y mental?  

Por eso razón es que no entiendo el estudio que se realizó. Nosotros, en virtud a lo antes dicho, deberíamos ostentar el primer lugar, ¿dónde está el trofeo? ¿Hay algún premio por ser aventajado? ¿No? Qué pene…digo, qué pena.

Además, hay otro dato científico y que se les ha escapado por completo a la universidad australiana, y es que con ésta característica sí podemos concluir de manera fehaciente de que el sudamericano, y más precisamente el peruano, es un Pinnnnocho de verdad. Seguramente todas y todos lo hemos notado y no hemos caído en cuenta. Hagan memoria…

¿Nada?

¿Seguros?

Bueno, les ayudo.

Los que tenemos la dicha de viajar en colectivo muchas veces nos hemos topado con caballeros que ya están ocupando uno de los dos asientos disponibles; ya sean estos sujetos delgados, gordos, chatos, altos, feos o simpáticos, todos tienen algo en común ¾además del sexo, por supuesto¾, todos se sientan abriendo de par en par las piernas. Juro. No es mentira, es más, quien escribe estas líneas también lo hace. Es por demás incomodo estar sentado al lado de alguien cuyas piernas se encuentran tan abiertas como un abanico en pleno verano. «La puta madre que te pario; tan grande tienes la poronga la concha de tu hermana…» Dan ganas de decirles. Y es que todos los varones nos sentamos de esa forma, quizá, como somos aventajados, nos da miedo, temor, pavor, horror de asfixiar a nuestro gran amigo.

Si el pene de un sujeto NO es tan bondadoso como el de los demás aventajados, pues supongo que encontrará la forma de “subsanar” tal detalle. Según las mujeres encuestadas, la mayoría decía conformarse con un pilín de 18 a 24 cm. Bajo ese rango, todos los nobles caballeros latinoamericanos estamos fritos. Sin embargo, y según parece, no fritos del todo. Y es que como les dije antes, hasta la fecha no me he topado con un sujeto que hidalgamente reconozca ser pichicorto.



En dado caso, dicen que el pez por su boca muere. Entre más se alardea, más triste es la realidad. Lo cierto es que la hombría de un varón no se mide por el tamaño de su miembro viril. Pues en ese sentido, si alguna vez me retan a un duelo ¿Qué hago? ¿Me voy a los piñasos o me bajo los pantalones y así medir la hombría y la valentía que tengo sobre mi oponente? Absurdo, lo sé. O en dado caso, de ser así, quienes deberían juzgar tal virtud son la damas y nos los aventajados caballeros, y es que un tema como este, no se puede ser juez y parte.

De pronto la discusión seguirá y seguirá, y sin alusiones personales e impropias, seguirá por laaaargo rato. 



Lima, 23 de mayo de 2013.

miércoles, 15 de mayo de 2013

AMERICA NOTICIAS-PRIMERA EDICIÓN






En el noticiero matutino «Primera Edición» del canal 4, se formuló la siguiente pregunta:

 

«¿Usted tomaría la decisión de hacerse una mastectomía para reducir el riesgo de cáncer como lo hizo Angelina Jolie?»

 

Y yo pregunto: ¿Qué mujer, teniendo riesgo cancerígeno en un seno o los dos, no se sometería a una mastectomía, más aún cuando son portadoras de la mutación genética BRCA1?

 

Sin ser un experto, considero que todas. Todas las que puedan costearse tal intervención, claro está. La pregunta formulada en sí parece ser un chiste cruel. Un chiste tan cruel que ni al payaso «Eso» (The It) se atrevería contarlo.

 

Se dice que no hay pregunta tonta, sino, respuesta tonta. Bueno, creo que la pregunta lanzada por «Primera Edición» rompe con ese dicho.

 

Es increíble el grado de estupidez que puede aparecer en la televisión. No les basta, según parece, chantarnos programas tan vacíos y oscos como Esto es Guerra o Combate o Amor, Amor, Amor o La noche es mía o Play o…bueno, no acabaría, sino que además, de los programas que se dicen ser “serios” -como lo debería ser un canal que ofrece noticias- tengamos que soportar las preguntas tan estúpidas como la de hoy.

 

A menos que me equivoque, o que haya respondido una emo, de esas que les llega literalmente su vida a la punta de la teta, todas las mujeres habrán respondido con un redondo y enfático: «¡Obvio!, ¡huevón! No me quiero morir…» En efecto, no hay que ser oncólogos para saber que si alguien no se opera oportunamente el mal cancerígeno que lo aqueja, sea hombre o mujer, tiene los días bien contaditos. Salvo, como les digo, que se aparezcan aquellas que nunca faltan, las antisociales, a las que todo les apesta y cuya existencia vital tiene la misma importancia que la bandera de EE.UU en la luna, ni un carajo.

 

Por supuesto que no me sorprende en lo absoluto que el monigote de Federico Salazar haya formulado en tono serio e intelectual semejante pregunta.


Ahora se entiende pues, y es que si él, que es el líder del noticiero, la imagen visible del espacio, pregunta semejante tontería, comprendo entonces por qué los periodistas que están en la calle capturando el preciso momento de la desgracia hacen la clásica pregunta: «¿Cómo se siente?»

 

En serio, no es de risa. Da miedo. Una señora pierde a su hija, la hallan luego muerta, descuartizada con signos de haber sido salvajemente torturada, y la pregunta que hace el periodista, la primera que formula es: «¿Cómo se siente?»

 
Cómo crees que se va a sentir la pobre señora, ¿Contenta? ¿Alegre? Qué respuesta espera el preguntante:

  

Y bueno... me siento muy bien, vera usted. Perdí a mi hija, pero bah, la vida continua. ¿Qué, una chelita?»

 
Señora, ¿usted de haría una mastectomía para no morir de cáncer?

 
Que va ser...si me tocó, me tocó, y punto. Aguantaré los dolores inhumanos propios del mal cancerígeno. Tengo mucho quehacer como parar operarme las tetas, vera. Prefiero que mi familia me vea como me va consumiendo el cáncer»


 
En fin, éstas y muchas otras estupideces es lo que nos ofrece la televisión peruana, luego se quejan de uno por andar viendo únicamente películas por cable. Bueno, ya tienen la respuesta.

 
 
Y por si no me cree, les dejo el enlace:

 


 

Qué duda cabe los burros, además hablar de sus orejas, también formulan preguntas estúpidas.


¡Ah! Y también dan las noticias.

 

Lima, 15 de mayo de 2013.

jueves, 9 de mayo de 2013

Ay Señor Juez...



 



 

Hoy amanecí molesto. ¿Por qué? Bueno, el Décimo Quinto Juzgado Civil de Lima declaró el abandono de un proceso del cual soy abogado. El Juez en su resolución dice que por “falta de interés e impulso” se ha concluido con el mismo y, por tanto, lo han mandado a archivar.

Gracias a esa payasada tuve que ir temprano al Edificio Alzamora Valdez y hablar directamente con el Juez que firmó el Auto. Para estar a tiempo en el juzgado no fui al gym, lo cual me cabrea de sobremanera, ya que para mí, ir al gym, es algo sagrado. Una actividad que me tomo muy en serio. Voy de 6am á 7am.

Pero hoy, miércoles 08 de mayo de 2013, no fui porque al Juez, cuya imparcialidad y conocimientos jurídicos procesales han quedado en duda total, decidió archivar mi caso. Sin embargo no todo fue amargura; tomé el colectivo (La 87) y me dio un lindo y turbulento paseo por la Av. Bolívar, luego por la Av. Salaverry, luego entró al Cercado de Lima y empalmó la Av. Abancay, aquella que es el Gran Pilar de la “reforma del tránsito limeño”, donde nuestra alcaldesa, con un reportero y cámara en mano más otro monigote representante de la Municipalidad de Lima, únicamente demora 15 minutos en recorrer toda la Av. Abancay. Pero olvidé meter en mi maletín a la burgomaestre, al reportero, la cámara de filmación y también olvidé pasar por mi representante municipal, razón por la cual demoré más de 50 minutos. Qué imbécil soy. Bueno, a la próxima no los olvidaré, juro.

Les comentaba que no todo fue amargura, y es que estado frente del Edificio Alzamora Valdez, me topé con una maratón. «¿Qué?  ¿Una maratón en la Av. Abancay? ¡No wey!», pensé. Lo peculiar es que los competidores, damas y caballeros por igual, estaban vestidos con ropa elegante; las damas con su falda y saco slim fit ajustada a sus esbeltos y rolludos cuerpos, y los caballeros, por su lado, con saco y corbata en tonos chillones. Comenzaban a correr rebasándose unos a otros, birlaban los obstáculos que la calle les ofrecía, era un verdadero espectáculo verlos como hormigas dispersas, sudando la gota gorda por llegar a la meta. Pensé por un rato que me había metido en medio de un comercial o algo por estilo «Ta´mare... Falta que me llamen la atención por arruinar la toma». Me equivoqué. Mi celular marcaba las 8.24am. Mostré mi carné de abogado e ingresé al edificio. Ingresé por fin al monstruo de los juzgados civiles, donde millones de personas depositan en nuestros bacanes jueces las penosas causas que los taladra día con día; ingresé al edificio mágico, aquel donde el solo hecho de trabajar para él, te obsequia ¾sin requisito alguno, sin desvelarse una sola noche, sin acabar siquiera un libro sobre derecho¾ un título honorifico, el ser Doctor. ¿No creen? Pongan atención y verán. Me dirigí al ascensor y me sorprendí al reconocer varios rostros, todos muy agitados, con el semblante por los suelos, con las cienes palpitando a mil, con lengua fuera cual corbata, con la vestimenta desalineada y con los cabellos alborotados. ¡Joder!, eran los mismos que estaban haciendo la maratón en la Av. Abancay.  «¡Ey! me engañaron... No se trataba de una maratón ni de un corte comercial. No. Eran los trabajadores del Poder Judicial que habían llegado tarde a su centro de labores. Qué tales conchas pues. Su hora de ingreso es a las 8am. De razón pues, ahora comprendo por qué tanta adrenalina allá fuera. Irresponsables»

En verdad fue muy gracioso ver cómo se atropellaban unos a otros y cómo hábilmente esquivaban a las personas que se interponían entre ellos y su centro de labor. Corrían como un jabalí perseguido por una leona.

Fui directo al piso 15 e hice mi fila para hablar con el Sr. Magistrado. Luego de 20 minutos hablé con nuestro administrador de Justicia. Al entrar al Despacho Judicial me dio la bienvenida un olor a guardado, un olor tan indeseable que combinaba tranquilamente con los aspectos propios de un hueco donde se pierden las esperanzas, las fe, y donde solo reina el desorden, el fastidio y la mediocridad. El Magistrado al verme, me señala la silla. Él se encuentra sentado detrás de una mesa cuadrada llena de documentos y expedientes pesimamente cosidos y con las páginas a medio salir, a su mano izquierda se alza una pequeña Cruz seguida de una inmaculada Biblia, al costado una campanita de té. «¿En verdad harán justicia en nombre del Señor?» . De pronto, al ver al Juez entre dos pilares inmensos de expedientes amarillentos, viejos y olvidados, me vino la imagen de Sansón, y es que de cierta forma ellos (los jueces), están dotados de una fuerza sobrehumana para hacer que la justicia (divina o ciega, y muchas veces, justicia ignorante, o las peores, justicia estúpida) recaiga sobre los mortales, pero que muchas veces son lacayos de su propio poder, y terminan como Sansón, acaecidos por los propios pilares que lo adornaban y que tanto presumía.   

¾Buenos días Sr. Juez. Mi nombre es Luis Carballo Cavallini¾ dije en tono fuerte pero amable. Me presenté estirando la mano. El Juez es un nombre de madura edad, es de aspecto ordinario, su rostro no tiene gracia pero ni por si las dudas. Viste una camisa cuyo color en algún momento debió ser color blanco, pero que sin embargo hace juego con los expedientes que lo adornan. Y ojo con esto, en verdad esos expedientes, adornan.

¾Buen día¾ dijo respondiendo mi saludo y dibujando un gesto muy vagamente parecido a eso que le llamamos sonrisa. Su voz era baja y pausada; al estrechar su mano con la mía a penas y la apretó. Me revienta que un hombre te salude como damisela ¾Dígame en qué lo puedo atender…

¾Mire usted, vengo en relación a la Resolución N° 40 que nos han notificado el día de ayer; en ella resuelven el abandono del proceso por una supuesta falta de interés por parte nuestra. Lo cual señor juez, no es cierto¾ le dije con voz alta con la intención de que su especialista, el webastriste que redacto tan nefasta, absurda y grosera la resolución escuchará también mi queja.

Con gesto de indulgencia, como si me estuviese regalando un poco de su imperdible y valioso tiempo, y estirando nuevamente su delicada y pequeña mano, me pidió la resolución y la ojeo rápidamente. Su semblante y cambiando con cada renglón leído, sus ojos reflejaban admiración. «Bien carajo. Se está dando cuenta del error. Bien…», pensé. Pero leía con la parsimonia digna de un pontífice a punto del retiro, como si yo tuviese todo el tiempo del mundo ¾«Vamos papito, mi sobrina de siete años lee más rápido, déjate de joder, vamos…»¾. Al terminar la tercera hoja, y recuperando la postura, dijo con vos orgullosa y enaltecida:

¾El abandono del proceso se da cuando, entre otras cosas, han pasado más de cuatro meses y no hay impulso de la parte demandante; por ello es que se ha decretado el abandono ¾dijo el juez devolviéndome la resolución a la vez que en su rostro se dibujaba una mueca de satisfacción, como si estuviera impartiendo catedra. Acto seguido agrego:¾ A menos claro que haya una actuación o impulso que le corresponda al juzgado, en cuyo caso el abandono no procede¾ Puntualizó.

¾Me alegra que lo mencione señor Juez. Y es que precisamente se ha decretado el abandono cuando hay en autos dos actos procesales pendientes por parte del juzgado¾enfaticé¾, el primero de ellos es en relación a la nulidad que formulamos contra la resolución N° 35 el día 15 de agosto de 2012, la misma que se corrió traslado al demando por cinco días, fue debidamente notificado y a la fecha no absolvió el traslado; y, de otro lado, el juzgado no se ha resuelto nuestro pedido de nulidad.

El Juez me miraba incrédulo. De reojo, chequeaba cuántos más estaban haciendo fila para ser atendidos por él.  Se recogió las mangas de su percudida camisa blanca, se mojó los labios e hizo una mueca, algo quería decirme, pero me le adelante:

¾ Además­¾ continué¾ mediante resolución N° 38 han nombrado a un perito oncológico, quién hasta la fecha no ha aceptado el cargo. Razón por la cual el juzgado deberá, o bien reiterar al perito para que acepte y juramente el cargo o, haciendo efectivo el apercibimiento decretado, subrogarlo y nombrase a uno nuevo. Como vera señor Juez, hay dos actuaciones pendientes de resolver por parte de su despacho. Razón por la cual el abandono es improcedente. «Chúpate esa flor magistrado. Por cierto Magister en qué, ¿en procesal civil?, con esa resolución, lo dudo»

¾ Uhmmmm. Si es como usted dice ¾ contestó el juez enderezando nuevamente su postura ¾ lo que cabría entonces, en estos casos, es interponer nulidad contra la resolución N° 40. Y nosotros…resolveremos según sea el caso.¾ Terminó la frese a la vez que recibía lo que parecía ser un Auto, a penas y lo ojeo, fue directo a la última hoja y sin más reparos le estampó su sello y acto seguido dibujó una firma exageradamente grande e innecesaria (¿Me quería sorprender?), y sin más trámites, se la devolvió al regordete sujeto con cara de hurón que no dejaba de mirarme. « ¡Ahí está el detalle! Este Juez firma cualquier documento que le presenten. Es tan vago que ni siquiera se digna a leer lo que autoriza. Allá va otro Auto destinado a cabrear al demandado o al demandante. Y claro, si hay algún roche, el Juez, haciendo el pendejito, le trasfiere la responsabilidad al Especialista o Secretario o Pinche o Practicante o Secigrista, o lo que fuera. Total, al fin y al cabo, por cómo resuelven, son la misma mierda»       

¾ Es una opción señor juez, y la estamos analizando.¾ me adelante en tono intelectual, y carraspeando la garganta, agregue: ¾ Pero dado que las observaciones, las cuales son notoriamente visibles, ¿no sería mejor que de oficio plantearan la nulidad de la resolución N° 40, y con eso, en virtud de la economía y celeridad procesal, evitar la demora innecesaria que acarrearía el trámite de la nulidad?

El Juez abrió los ojos como platos, formando una impecable eme en sus delgas y negras cejas, y con voz ligeramente firme e indignada, en son de despidida, afirmó:

¾ Nooo. En ese caso…lo mejor es que interpongan su apelación.

¾ Eso haremos. Gracias por su tiempo señor Juez¾ Me despedí de inmediato, no quería estar más en esa mazmorra, en ese hueco lóbrego lleno de documentos y casos in resolver. No vaya ser contagiosa esa forma de pensar que tiene este juez y me convierte en un paria más, así que dándole nuevamente la mano, me retiré casi brincando.

Jueces como él, hacen que la justica, si es que la hay en nuestro país, sea una burla, una fantasía, un imposible. En efecto, puedo o pude solicitar la nulidad de  la resolución 40, claro, pero también de oficio el juez puede o pudo anularla y con ello ahorrarnos el tiempo muerto que demorará formar el cuadernillo de apelación y que ¾ cuándo se le hinchen las bolas al especialista o al secretario para elevar el expediente al juez superior¾ pasen más de cinco o siete meses para que nos den la razón; es un acto cruel, una falta de responsabilidad por parte del juez y sus secuaces. Qué tanto miedo le da actuar de oficio y enmendar su error, su descuido o el descuido de sus pinches. Al contrario, enaltecería, en algo, la mellada imagen del Poder Judicial, sin embargo se mean, se zurran cuando tienen que poner mano firme. Es un atropello por demás denigrante que hagan esto con los justiciables. Interpuse apelación, sí. Ya que de haber interpuesto nulidad, fácil el cobarde y pelotudo Juez me la declaraba infundada y, luego, cuando hubiese querido interponer, recién, apelación contra la resolución 4o, me salga con «Improcedente por extemporánea». Menudos Jueces los que tenemos como administradores de justicia. Se hacen pichi los cabrones a la hora de aplicar la verdadera justicia.

«Juez y la pita que te trajo. Por eso saludas como damisela, por eso saludas con inseguridad, por cobarde, por mezquino, por sucio, por ser un pusilánime que se caga de miedo. Es increíble que estos granujas sean los concítenlas que imparten y administran justicia, es increíble también que nuestra justicia esté a la suerte de un tarado que firma cualquier verdura que le pongan en frente, es imperdonable que nuestra justicia esté en manos de quienes sintiéndose omnipotentes resuelvan lo que les parezca o venga en gana sin hacer previamente un estudio de lo actuado en el proceso.

 Y te llamamos Juez, bah, vergüenza, así deberíamos llamarte”.

 

Lima 08 de mayo de 2013.