jueves, 18 de abril de 2013

Amor gatuno...



Muchas veces para ofender a una persona o menospreciarla, solemos llamarlos Animales o Bestias. Así pues, quién no ha tildado de perro a un sujeto cuyo comportamiento es socialmente reprochable; un ejemplo de ello lo podemos encontrar en una sencilla conversación:

María: Oye. Te enteraste. Ése que va allí le adorna la cabeza a su esposa. Le saca la vuelta con ésa largartona.

Alejandra: Qué mal. Ese tipo es un vil perro.

Otro claro ejemplo sería:

Mario: Ey. Te enteraste; la mujer de Antonio es una zorra... Lo engaña con el panadero.

Beto: ¡Joder! Qué mala leche. Es una perra cualquiera.

Ejemplos como esos abundan y la imaginación y creatividad es infinita. Podemos comparar a las personas con el animal que queramos sin ponernos a pensar si es que realmente nosotros somos los “ofendidos”. Paquita llamó a su traidor rata de dos patas. Ha decir verdad, los pobres animales pagan los platos rotos de los demás: qué culpa tiene el burro de que lo comparen con un sujeto cuya maxilares son iguales de pronunciadas a las de él. Qué culpa tiene el chivo para que lo usen como sinónimo de maricón. Qué culpa tiene el tiburón para que lo comparen con un abogado, qué culpa tiene la vaca para compararla con una gorda mofletuda, etcétera.

Sin embargo, por una extraña sensación, casi de satisfacción, nos encanta rebajar a los demás con dichas comparaciones, creyendo, como ya lo dije, que los ofendidos somos nosotros. Si pudiera hablar cada uno de los animales mal comparados...¿qué dirían?

¾“Qué culpa tengo yo que tú esposo te haya engañado y abandonado, gorda de mierda”.

La rata de dos Patas".

¾“No es problema mío que ése tipo o ésa fulana tenga confusiones con su identidad sexual.

El Chivo”.

¾“Qué culpa tengo yo que ése huevón sea tan muelón.

El Burro".    


Y es verdad, qué culpa tienen los pobres animales de las estupideces que hacemos nosotros; ellos (los animales) actúan por instinto; salvo algunas excepciones, razonan, reflexionan y actúan. Nosotros, no. O bueno, no en teoría. Al ser la persona un ser racional, debería pensar primero en las consecuencias que conlleva tomar una decisión, dar un paso, abrir la boca, tocar algo o a alguien; tenemos la habilidad de pensar antes de actuar, y no lo hacemos. Tenemos la facultad de descernimiento, y pese a ello somos capaces de no ver el muro contra la que nos estrellaremos. Y eso, mis estimados, no es nada. La cosa empeora cuando te “enamoras” o crees estar “enamorado”, pues al estar bajo el influjo del amor, creemos que todas las estupideces que decimos y hacemos están justificadas. Grave error. ¡Qué horror!

Claro, la culpa no es de cupido y su vendita o desgraciada flecha ¾ según lo vean, claro está¾. La culpa es sobre quién o quiénes caen la flecha y los efectos que ellos, los afectados, tengan ente las consecuencias del amor. Por ejemplo, cupido flechó a William Shakespeare y este fue capaz de escribir una obra tan majestuosa como lo es Romeo y Julieta; por ejemplo, a Miguel de Cervantes lo inspiró para crear a Don Quijote de la Mancha; personaje conocidísimo por el amor puro y valiente hacia su Dulcinea; Neruda, en nombre del amor, escribió los versos más tristes que una noche puede inspirar; Mario Vargas Llosa, escribió las Travesuras de una Niña Mala que, en el nombre del amor, hizo sufrir a un adolescente, joven, adulto y anciano Arturo Somocurcio. No se puede negar que el amor es el gran culpable de obras tan magnificas como las que acabo de señalar, también es el culpable de las canciones románticas, sino, cómo explicar la bella canción de José José, Amor, amor; o la tan aclamada Las Puertas del Amor del gran Nino Bravo. Sin el amor, Julio Iglesias no sería el cantante latino con más ventas a nivel mundial ni hubiese sido reconocido por los Record Guinness. Y así por el estilo, podemos nombrar un sinfín de hermosos ejemplos.

Pero también, el amor, es el gran artífice de gloriosas aventuras que terminan en tragedias ¿No lo creen? Pregúntenle a Dorian Gray. Romeo y Julieta también forma parte de ello. Troya ardió y fue destruida por el amor prohibido hacía una mujer.

Pero… ¿Qué rayos? Comencé hablando de los animales, del hombre y sus estupideces, y finalmente sobre el amor y sus consecuencias. ¿Todo esto tiene sentido? ¿Nos llevará a algo? Bueno, sin temor a equivocarme, creo que sí. ¿Cómo? Bueno, ahora trataré de explicarme.

A veces pienso que nosotros deberíamos amar como lo animales. Si, sería una buena idea. No se sufriría mucho y viviríamos más tranquilos. Vamos a dar el ejemplo de dos animales domésticos: el perro y el gato.

A mí me encantan los perros; del gato admiro su tremenda agilidad y destreza, pero de saber que comen cucarachas, insectos, moscas y ratones, joder que me pone en asco total. Sin embargo, el gato tiene lo suyo, ¡oh sí!. Un perro te va amar siempre, basta que les des cariño y comida y todo resuelto; no por nada es el mejor amigo del hombre. Puedes tener un mal día y desquitártelas con el canino, él bajará su orejas se agazapará y se meterá debajo de la mesa; bastará que le mandes un mimo y en el acto lo tendrás a tus pies moviendo la cola sin parar y sacándote la lengua; lo más probable es que lo tengas encima de ti por un buen rato. El perro es así, es incondicional, le podrás mandar cuántos juramentos quieras, pero siempre lo tendrás allí, hasta el fin. El perro, salvo muy raras excepciones, siempre estará dispuesto a jugar todo el día; dormirá un rato, sí. Pero luego te buscará como loco para echarse a jugar. En cambio, el gato, no. El gato, además de ser un ejemplar muy ágil ¾ que es lo que me gusta de ellos¾, son animales sumamente orgullosos e independientes. Muy al contrario del canino, el gato jugará contigo cuándo él quiera. Podrás llamarlo y hacerle mimos, no servirá. Quizá logres robarle un enorme y prolongado bostezo, te mire fijamente, y se marche. ¿Traer la pelota? Jamás. ¿Ir por el frisby? No hay forma. El gato decidirá si eres o no digno de su confianza, él decidirá si te deja ser su “amo”. Al perro, ante una majadería, podrás agarrarlo a patadas; se defenderá, obvio. Es un animal, pero no un tonto. Sin embargo, luego de la paliza al perro, bastará que chisques los dedos para tenerlo jadeando de felicidad a tu lado. Acto reprochable, por supuesto. Pero al gato…intenta primero agarrarlo para darle igual paliza; quizá en el intento el apaleado sea uno.  Y bueno, supongamos que logras cogerlo para darle tremendo escarmiento al felino; el gato jamás te lo perdonará, se sentirá ofendido y nunca, salvo extrañas excepciones, regresará a tu lado. Lo has lastimado, y eso, a un gato, no se hace. Has perdido la confianza que él muy difícilmente dio. Dejarás de ser su “amo” para ser un insecto más en su menú alimenticio.

Si nosotros nos quisiéramos de la misma forma en que se ama un gato asimismo, no existiría tanto desorden emocional. Sin embargo, la verdad empírica nos demuestra todo lo contrario. Qué pena. Parece ser que nos gusta el maltrato. Dónde menos nos quieren es dónde más estamos. Hay personas ¾hombres y mujeres por igual¾ que no les importa que su pajera las maltrate, las insulte, las golpee, la menosprecie, etcétera, regresan al lado de su punisher, de su castigador, regresan como lo hace la abeja a su panal. Es penoso dar por cierto la frase Más me pagas, más te quiero. Pero es la verdad, o mejor dicho, su verdad. No se dan cuenta del tremendo daño que se hacen, se aferran a un amor vacío, cuyo abrazo protector es tan letal como un tubo a fuego vivo. La mano que debería acariciar sus mejillas, es el arma de su desdicha. Pero bueno, quizá la culpa no es del verdugo, sino de ellos y de ellas que regresan cual perro faldero a la sombra del ser “amado” que los humilla y las rebaja. A esas personas deberíamos apoyarlas más, decirles que no están solas, que valen mucho y merecen respeto. Que no merecen que alguien le responda con reproche cuando le dicen te amo.

A veces, quizá, le pongo mucho corazón y me afecta lo que veo. No es mi problema, lo sé. Pero no puedo evitarlo. ¿Por qué? Bueno, porque esas personas me importan. Me importan más de lo que ellas o ellos se imaginan. Por eso me preocupo. Por eso me molesto. Por eso me cabreo. Por eso me ofendo. Por eso escribo.  Por eso a veces deberíamos amarnos como se ama asimismo un gato.       

                                                                                           Lima, 18 de abril de 2013.


       

  

jueves, 11 de abril de 2013

MI PRIMERA VEZ


 

 

No hay ser humano que no haya pasado por una PRIMERA VEZ; todos lo hacemos. Ayer ¾ 10 de abril de 2013¾ fue la mía.

Tengo tres años como abogado; he asistido a lecturas de sentencia (en lo penal), a informes orales (temas civiles) y a una que otra Audiencia Única (tema de alimentos) pero nunca antes había tenido una Vista de la Causa. Algunos colegas, si es que leen mi tan burlado blog dirán que quizá ello no tiene nada de interesante y que, como tienen también experiencia en el campo, fue una simple audiencia más. Bueno, en lo personal fue una nueva experiencia, fue mi primera vez en ring de la Tercera Sala Laboral de Lima.

¿Asustado? Petrificado estaba.

Si bien tengo experiencia en cuanto al uso de la palabra y también creo tener cierto dominio del escenario, no es lo mismo plantarse delante de los Vocales de la Corte Superior de Lima, menos cuando tienen al frente a un mozalbete que viene a hablarles de leyes y, sobre todo, de cómo tienen que sentenciar.

Con el debido respecto a nuestros Jueces, no es lo mismo exponer en un juzgado que ante una Sala, y menos si la Sala de Audiencias está repleta de otros tantos abogados que también vienen a dar su discurso. Sientes, como abogado joven, que te están escaneando de arriba abajo. Que cual hienas, están esperando el mínimo error, el mínimo descuido para comerte vivo con sus críticas y, por supuesto, hacerles más amena la mañana.

Al llegar al local donde se encuentran las Salas Laborales, comencé a caminar por el pasillo. Repetía una y otra vez en voz queda el discurso que brindaría. No quería hacer un papelón y menos quedar mal conmigo mismo. Mi cliente no estaba presente. Era una ventaja, pero no siempre se corre con esa “suerte”; en dado caso era una presión menos el no quedar mal frente a quien deposita en uno la esperanza de salir invicto. Sabiendo que había logrado llegar antes de la hora, y sabiendo ya mi discurso, traté de calmar mis ansias. No pude, y es que de pronto me entraron una ganas de ir al servicio higiénico y poder librarme del líquido retenido por los nervios o quizá por la cantidad de agua que bebí en el gym, pero ¡oh sorpresa! No hay servicios públicos. O sea, los hay, pero no al servicio de los litigantes y menos a los justiciables. Es decir, que no somos dignos de usas el mismo retrete que nuestros jueces y vocales. O sea, jodido.

De la Sala de Audiencias salió una muchacha delgada y de baja estatura ¾ 'Viene para la Vista de Causa de la Tercera Sala Laboral'¾ me preguntó, a la vez que colgaba en la pared la relación de Informes Orales programados para ese día.

¾Sí. Al de las ocho y media¾ Me apresuré en contestar. En mi garganta se ahogó el deseo de pedirle prestado el servicio higiénico destinado a los Vocales.

¾ ¿Nombre?

¾Luis Carballo. Abogado de Procoba. La parte demandada.

Acto seguido subrayó mi nombre en una hoja donde venía la relación de los abogados que habían solicitado el uso de la palabra. Al retirarse la señorita, me asomé a la pared para ver el orden de expositores. Era el tercero. ¡Genial! Eso me permitiría apreciar cómo veían y cómo trataban los Vocales a los abogados.

¾Por favor. Los abogados que tienen  Vista de la Causa, apaguen o pongan en vibrador sus celulares y sírvanse a pasar a la Sala de Audiencias¾ Ordenó uno de los vigilantes del edificio; esos que tienen ínfulas de cadeneros de discoteca y que te miran por encima del hombro. Obvio, es el único momento en que te pueden mandar a hacer algo, en este caso, apagar o poner en silencio los celulares.

Al entrar me senté en la última fila. El lugar despedía un olor ha guardado y a humedad. A la mano derecha, esquinados, se encontraba la Relatora de la Sala acompañada supongo yo por los respectivos especialistas de cada Vocal. En el centro ya se hallaba la Presidenta de la Tercera Sala junto con otros dos Vocales, ellos formaban el Colegiado que escucharía nuestro pedido (hablo por todos los abogados presentes). Sentado a mi izquierda se hallaba un hombre de avanzada edad checando su agenda. Solo alcancé a ver varios garabatos, nada interesante. A mi derecha se sentó un abogado joven. Yo estaba nervioso, pero controlaba mi ansiedad. El de mi derecha, no. Estaba sudando profusamente, su mano derecha no dejaba de temblar. Cargaba todo el expediente, un tomo repleto de hojas sueltas. Me saludó y me dijo que había olvidado su cinta de abogado. Grave error para los que tenemos que brindar un discurso jurídico:

                          ¾Me prestas la tuya si me llaman antes¾Dijo con voz tibia y temblorosa, como la de un niño descubierto por su travesura.


                          ¾ Si claro. No hay problema¾ le dije en voz baja, pues la audiencia ya había iniciado.

La Relatora de la Sala comenzó a llamar al primer abogado. No estaba. Me jodí, uno menos. El pulso se disparó, mi corazón latía tan fuerte que pensaba me daría un paro y todo se fastidiaría. La vejiga comenzaba a exigirme un baño pero a la voz de ya.

             ¾Ilustre Presidenta y Vocales de la Sala, a los justiciables presentes y a mis estimados colegas, muy buenos días. Mi nombre es Luis Carballo, soy abogado. Es un enorme placer estar presente ante tantos notables jurisconsultos que mi cuerpo se estremece al saber que alguien como yo pueda estar compartiendo el mismo escenario en un día tan maravilloso como el doy. Y, antes de continuar, y pidiendo la dispensa por haber interrumpido las elocuentes palabras de nuestra Presidenta, solicito se sirva vuestra Judicatura prestarme por breves momentos el servicio higiénico para poder descargar en el toda la euforia que llevó guardada en mis adentros desde hace más de veinte minutos. Sépase estimado Colegiado, que no es nada saludable contener las necesidades propias de la fisiología humana, ya que esta puede desencadenar en graves perjuicios a la salud, tales como reflujo vesico-uretral, esto es, que la orina regresa a los riñones, y pielonefritis, es decir, infección renal, entre otras tantas consecuencias fatales para salud. En tal virtud, y amparando mi solicitud al sentido común y en el artículo siete (derecho a la salud) de nuestra Constitución Política, es que pido se me deje usar el urinario por un lapso de tiempo que no excederá de dos minutos¾ No no se puede negar que es un buen fundamento jurídico y científico, y además comprobado. Pero... ¿Me habría hecho caso la Presidenta? ¿Se hubiera apiadado de mi pobre vejiga a punto de reventar? Lo dudo. Con la cara de pocos amigos que se maneja, tal vez me dijera:
         ¾Mire… abogado, acá se viene a hablar; hacer uso de la palabra. No a mear. Así que… ¡aguántese!

Ni modo, a seguir apretando las piernitas nomás. La Relatora se apresura y llama al siguiente abogado. Tampoco estaba. Fui, soy el siguiente, y me meo, y no precisamente de risa.

         ¾ Expediente 044-09. Productos y Construcciones Bastión. Tiene el uso de la palabra el abogado defensor, el Dr. Luis Carballo¾ Precisó la Relatora con notorio nerviosismo al pronunciar mi apellido, y es que muchos lo suelen confundir con Caballo, otros con Carabayllo, y hasta Carhuacho me han llamado.

Me levanté pausadamente e hace la señal de estar presente con mi mano derecha; la misma señorita que minutos me había preguntado si venía al Informe Oral, fue quien me dirigió hacia la palestra. Estando allí, frente a la Presidenta y los Vocales, volteo de reojo a ver a mis colegas. Todos me miraban, todos atento a mis palabras, todos esperando el inició a la Audiencia.

La campanita amarillenta y desgastada que se encontraba postrada en el centro la mesa fue tomada de manera sutil por los regordetes dedos de la Presidente, quien tenía el cabello enmarañado y un tanto opaca. Su mirada era fría y desafiante. En mí, todo comenzaba a achicarse ¾bueno, no todo¾, la corbata me estrangulaba, el saco me apretaba, la visión se me nublaba, mis parpados parecían las alas de un colibrí, mi boca estaba seca, mis labios también, un sudor frio recorría mi espalda. Mis piernas cascabeleaban. Luego sentí como si me hubiesen dando un par de buenas bofetadas; mis cachetes estaban hirviendo. Y lo peor de todo, me meaba.

¾ Dr. Carballo¾ dijo la Presidenta, y tintineando la campanita, agregó¾:Tiene el uso de la palabra por cinco minutos.

Primer Round:

¾Señora Presidenta (me meo), señores Vocales, buenos días. En el año 2009 (me meo) el demandante, el Sr. Salem, interpuso una demanda laboral contra nuestra representada; proceso laboral que se ventila en el 18° juzgado laboral de Lima. En el año 2010 (…me…¡meo!) se declaró fundada en parte la demanda, y en tal virtud, el demandante solicito una medida cautelar de embargo en forma de inscripción sobre los vehículos de la demandada (mmm…)…

La Presidenta ni me miraba, sus ojos, pequeños como canicas, estaban clavados en la mesa, supongo yo que viendo mi expediente, ¿no? A su mano derecha estaba un Vocal; un hombre de treinta y pico de años, de cara delgada y alargada, su cabello, aunque engomado, pintaba algunas canas, su nariz era larga y ligeramente torcida hacia la izquierda ¾ ¿Roncará al dormir?¾, vestía un sastre color gris con una corbata color verde loro que era un claro atentado al 'Lima Fashion Week'. Me miraba de reojo y hacia anotaciones en una hoja.

No preguntó nada.

¾La sentencia fue apelada por nuestra representada¾continué¾, y en tal razón se elevó a la Sala de su Presidencia. Con sentencia de Vista de 22 de junio del año 2011, su Despacho declaró Nula la Sentencia emitida por el A-quo. Razón por la cual, una vez devuelto el expediente, solicitamos la cancelación de la medida cautelar…

La Presidenta seguía ignorándome. A su izquierda se encontraba la otra Vocal, con ella se formaba el Colegiado que vio mi expediente. A diferencia de la Presidenta, su mirada era cálida e inspiraba seguridad. Tenía el cabello bien peinado y en su rostro se dibujaban ligeros retoques de maquillaje. Aunque también pasada de tamales, su voluminosidad le sentaba bien. En ella centré mi mirada.

¾Señor Abogado, precise…¾ manifestó la Presidenta con tono marcial. Su rostro tenía fastidio, su cienes notoriamente palpitaban, y con su ceño fruncido, volvió a pegar ojo al expediente.
¿Cómo que precise? ¾Pensé¾. Tengo el uso de la palabra por cinco minutos. No han pasado ni dos y ya quiere que culmine. Además, le estoy dando una breve reseña del por qué no encontramos acá. Cómo que precise…
¾Presidenta (me meo), lo que pedimos es que confirme la decisión del A-quo en el extremo que decide cancelar la medida cautelar trabada a nuestra representada. Pues teniendo en cuenta el carácter provisorio y accesorio de las medidas cautelas, al ser declara Nula la sentencia, no se cumple, además, con la verosimilitud del derecho invocado, requisito indispensable para que se conceda una medida cautelar. Por lo que resulta abusivo y arbitrario, que el demandante pretenda se mantenga vida dicha medida cautelar cuando la sentencia que (…me meoOOOOOH!!) justificó la medida cautelar, ha sido declara Nula por su Sala¾ Precisé.
¾Muy bien¾ Atinó a decir la Presidenta. Muy bien, así, a secas. Lo dijo sin mirarme la cara. Luego agarró la campanita y la hizo sonar una vez más en señal de que mi turno había concluido.

Al salir del ruedo hice una pequeña reverencia con mi cabeza y pase a retirarme. No sé quién o quiénes seguían luego de mí. Únicamente atiné a coger mi maletín y salir cual rayo de la Sala de Audiencias con la finalidad de encontrar un bendito urinario. Lo hallé. La juguería de la esquina fue mi salvación. Me costó cincuenta céntimos. La menor inversión hecha de los últimos cinco años.

Lo valía.

Como dije al inicio. Quizá para terceros no sea importante, quizá lo consideren absurdo o tonto, pero créanme que exponer un argumento jurídico, por minúsculo que sea, ante un Colegiado, no es nada sencillo. Me gustó la experiencia, se aprende mucho, desde cómo pararse, dirigirse, mirar, hablar y, sobretodo, a mear antes de ir a una Vista de la Causa.  Y bueno, para ser mi primera vez, no estuve mal.

 

 

Lima, 11 de abril de 2013.

          

 

 

 

 

lunes, 25 de marzo de 2013

UNA DAMA EN LA MADRUGADA


 
El reloj suena a las cinco en punto de la madrugada. Me despierto y los primero cinco minutos del día son dedicados a mi amado Monk, que siempre fiel está al píe de la cama. Le digo lo mucho que lo queremos y lo muy importante que es para nosotros. Él me gruñe y mueve su colita. Yo lo interpreto de manera positiva. A las cinco con veinte de la mañana estoy aseado, cambiando y listo para sacar a Monk al parque. Él,  aun acurrucado al píe de la cama, no se inmuta. Cojo la correa, tomo las bolsas respectivas y digo: ¾«Monk, ¡vamos!» Salta de la cama como una liebre y lo tengo en mis pies en menos de cinco segundos. Coge la correa con su hocico y me apura a salir.

Bajamos las escaleras con suma precaución. Él no para de olfatear cada escalón. Al salir del edificio, Pueblo Libre aun duerme, aun el sol no brilla. No hay gente en la calle. Solo se alcanza a escuchar el rugir de las cúster que pasan recogiendo uno que otro zombi en la Av. Bolivar. Monk, ya suelto, deja salir el líquido retenido por más de once horas. No lo dice, obvio, no puede. Pero si pudiera, quizá se escuchara un rico y satisfactorio ¡Ahhhhhh!

Yo lo haría...

Llegamos al parque y el panorama es distinto. Hay personas adultas y uno otro joven corriendo alrededor del parque. Los más veteranos, en su mayoría mujeres, van a un ritmo lento, cauto; cualquiera a paso normal pudiera rebasarlos. Pero no están en una maratón ni en una competencia, no les interesa saberse ni verse rebasados. Sin embargo, no deja de ser respetable y admirable la concentración que dibujan sus rostros al correr. Ojo, casi todos están con la sudadera o el polo mojado; lo que quiere decir que están ya buen rato ejercitando su cuerpo. Quiere decir pues, que están desde antes de la cinco de la madrugada arriba, ganándole al gallo. Conozco a muchos jóvenes que no superan los 27 años que a esa hora de la madrugada están en la comodidad que les brinda su cama. Ni de a vainas se levantarían a esa hora, y menos a correr.  

Monk me jala por su andar. Olfatea desesperadamente el pasto. Yo con bolsa en mano atento para recoger los desperdicios. Mi celular marca las cinco con treinta minutos. A esa hora, todas las mañanas, del otro lado del parque San Martín sale una señora con su perro; es un Cocker Spaniel de color negro. Sus orejes, clásicos en estos animalitos, llegando casi al suelo. Su pelaje es abundante y un tanto opaco. Es un perro muy gruñón, juro. La señora baja con el animalito con la misma finalidad que la mía. La señora, quien por su aspecto, podría decirse que está en base cinco rosando base seis, es una persona de medina estatura, algo encorvada y de tez clara; viste casi siempre un short negro con una blusa de mangas largas y cuello de tortuga, también de color negro. Aunque los rayos del sol amenazan con, aun son muy débiles. La luz de la luna impera, ella es la que nos dejan ver el rostro de la dueña.

La señora es dueña de un cabello frondoso y de color negro noche. En su cuello figuran grietas; parecen ser el resultado feroz de una vida agitada y turbulenta. Su rostro dibuja cierta frialdad que no merece ser indagada; los arcos de sus ojos, aun pintados, son como dos faroles que despiden una luz vacía, sin vida, sin brillo. Qué pena. Sus labios son delgados y agrietados, quedando en ellos los vestigios de una noche en copas.

Su orejona mascota deja la huella líquida postrada en un árbol. Ha sentenciado en ése tronco que él es el dueño absoluto de esa cuadra, y pobre que otro animal se atreva si quiera a pasar por allí. La señora lo observa con atención. Echa un vistazo alrededor de ella. Nadie se asoma, nadie la mira, nadie la juzga. De su short saca un paquete de color blanco. Cigarros. Se lleva uno a la boca, se lo pone delicadamente en la punta de los labios. Sus manos son grandes y venosas; los dedos son largos también, en sus uñas queda la marca de un color que quizá fue rojo. Se queda un inmóvil por un instante. Fija su mirada en el centro. Nadie aparece para encenderle el cigarrillo, nadie la escolta con su pucho en boca. Saca un encendedor, y prende fuego. Su rostro se ilumina con cada jalada. Su semblante cambia. De pronto se le ve feliz. El estrés que cargan sus hombros desaparece; su rostro dibuja una media sonrisa, igual al de una niña recibiendo un regalo caprichoso. Sus ojos se cargargan de luz. En su mirada se aprecia cierta malicia. Su postura es la de una chica de veinte años. Es una mujer distinta. Ha salido de la sombra. Es una dama en la madrugada. Sigue el andar de su querida mascota. Camina con elegancia, con armonía. Con aire despreocupado, deja huella con cada pisada; como si todos sus problemas si hubiesen esfumado junto el humo envenado del cigarro. Monk me jala, me gruñe, me pide que avance. Yo lo sigo.

Su silueta se pierde entre la penumbra, como se pierden las olas en una tormenta. La señora desaparece de mi vista. Solo queda la estela de humo que va dejando su andar.    



                                                                                                                    Lima, 25 de marzo de 2013.

 

viernes, 22 de marzo de 2013

TODO DEPENDE DEL CRISTAL CON QUE SE MIRE


 

 

Hace unos días me encontré con un amigo en los pasillos de los Juzgados Civiles ubicados en el Edificio Alzamora Valdez, en el Cercado de Lima. Es un colega con quien estudié algunos ciclos en la facultad de leyes. Me dio gusto verlo después de tantos años; lo encontré saludable, risueño y alegre. Me dio gusto, también, saber que él compartiera el mismo entusiasmo que el mío por habernos encontrado de pura casualidad.
Me casé hace cuatro años; mi esposa es diseñadora de interiores; le va bien. Tenemos una hija de tres años; se ha vuelto nuestro mundo¾ Me contó. Cada una de sus palabras las vivía, se notaba en sus ojos; en verdad estaba contento por la familia que tenía. Qué bueno.
Yo también me casé; vamos a cumplir tres años en julio. Tenemos un recién nacido, tiene dos meses y medio. Efectivamente, se vuelven tu mundo ¾Afirmé.
Él tenía una audiencia. Yo tenía que hablar con un juez. Nuestra conversación duró entre ocho a diez minutos. Le pregunté si frecuentaba a la promoción. Me dijo que no. Yo le dije lo mismo. A nivel profesional me dijo que estaba como abogado para una empresa trasnacional, que le iba bien pero que esperaba buscar algo más sólido; que si bien veía temas legales, no litigaba mucho, que era su pasión. Estoy llevando una maestría en la PUCP en derecho Tributario; es muy complicada pero necesaria ¾ Me dijo. Qué bueno, me da gusto por ti; me alegra en verdad que sigas creciendo profesionalmente. Hoy en día ser abogado ya no es suficiente ¾Precisé.
Ayer iniciaron las clases ¾ continuó mi amigo¾. El profesor que  nos ha tocado es bueno. Expuso su Currículo Vitae, y, la verdad me hizo sentir un ignorante. ¿Cómo así? Le pregunté. Tres carreras, cuatro maestrías, una en Nueva York y otra en Londres; dos Doctorados. Y estaba renegando porque le cancelaron la matricula del tercer doctorado. Ilustró mi atemorizado amigo.
Nos estrechamos las manos y nos dimos un abrazo de despedida. Intercambiamos tarjetas. Quedamos en llamarnos para coordinar un encuentro, un café tal vez, y poder conversar largo y tendido. Él entró a su audiencia; yo hice mi cola para hablar con el Juez. No vi más a mí amigo. No nos hemos llamado ni nada por el estilo. Eso de quedar en comunicarse es mera formalidad, un procedimiento vago y sin futuro próximo; como aquellas que hacen las promociones escolares cuando terminan el colegio: “Nos reuniremos todos los meses” “Jugaremos fucho todos los sábados” “No faltaremos al cumple de…” “Nunca nos dejaremos de hablar” Frases de momento. Frases vacías.
Rumbo a la oficina, vine pensado en lo que me dijo mi amigo «Expuso su currículo vitae, y, la verdad me hizo sentir ignorante…» Me dio algo de pena mi amigo. No me dio lastima, no. Pero si pena. Se dejó deslumbrar por alguien que ostenta más cartones en su haber. De que distinguido catedrático tuvo que luchar por cada uno de ellos no se discute. ¡Qué bueno por el tan ilustre profesor! Pero a mí no me hubiese hecho sentir que soy un ignorante, no. Me hubiese hecho sentir motivado y tranquilo. Motivado porque si el profesor tiene tantos méritos en su haber profesional, entonces quiere decir que cualquier persona, con las ganas y el ímpetu de superación, puede tener igual o más cartones profesionales. Y tranquilo porque sé que no me está dando catedra cualquier califa, sino alguien más que experto en la materia. Estaría tranquilo al saber que el dinero invertido en la maestría está siendo justificado con creces.

Sin embargo, todo depende del cristal con que se mire.
 
Lima, 22 de marzo de 2013.
 
 

martes, 19 de marzo de 2013

Un pollito con mis primos...


 
Hoy, 19 de marzo de 2013, quedé en almorzar con mi primo Juano y con mi primo Rubén, dos de los primos más queridos que tengo. Quedamos de vernos en la pollería El Pollón, ubicada en la Av. El Ejército, a tres cuadras de la Av. Salaverry, en San Isidro. La hora pactada: 1.30pm. Así que salí de mi oficina a la 1.10pm. Me fui hasta la Av. Húsares de Junín donde tomé el bus que cruza la Av. Salaverry. El cobrador se encontraba en la puerta.

¾ Flaco. Cincuenta hasta Salaverry, ¿va? El cobrador acepta con un movimiento de cabeza. Al subir me dice:

¾ Ta que…por cincuenta hasta Salaverry, ¿no? Lo dijo en tono desaprobador. Quizá molesto porque le ofrecí pagar la mitad del pasaje, pero es lo que se suele pagar por tan poca distancia. Seguro también pensó que no escucharía su reproche por tener los audífonos puestos. Lo que no sabía es que no escuchaba canción alguna.

¾ Bueno. Si te parece pues. Si no me quieres aceptar los cincuenta hasta Salaverry dime nomás. Me bajo y listo¾ se lo dije en tono increpador. El sujeto se hizo el sordo y contesto:

¾ No. Que está bien, por cincuenta hasta Salaverry¾ y se quedó callado el valiente cobrador.    

Llegué en siete minutos a la Av. Salaverry. Mi celular marcaba la 1.20pm. Esperé por dos o tres minutos el próximo bus que me llevaría hasta mi destino. Mientras tanto me entretuve leyendo el titular del diario Perú21 “JALÓN DE OREJAS” aludiendo a nuestra Alcaldesa. “Susana Villarán sigue pero sin sus regidores”. No pues. No se puede tener todo en la vida. Y barato le salió el chiste. Pudo ser peor.

Al tomar el bus, no me percaté que solo llegaba hasta la Av. Juan Antonio Pezet. Me dejaba a cinco cuadras de mi destino; pero ya había pagado y me tardaría más en bajar y subir a otro bus. Caballero nomás. Le puse playa mi i pod y comencé a disfrutar de mi música. De pronto me vino la imagen de mi bebé, Gabriel. Lo extrañé de inmediato. El bodoquito me ha robado el corazón. Creo que me vino ese sentimiento al ver a un niño de unos tres o cuatro años de edad junto con su mamá. Estaban felices. El niño iba jugando con su mamá, no paraban de reír. Era un cuadro tierno, lleno de amor, de paz, de esperanza. El niño estaba sentado de lado de la ventana. La madre le seguía a su derecha. El bus estaba casi vacío, razón por la que pude ver el gran amor que se tenían uno al otro. Ya quiero que mi bebé esté así de grande para poder jugar y hablar con él; así como lo hace la señora con su pequeño hijo. Pensé.

 El bus ya había pasado la Av. Pershing. Mi celular marcaba la 1. 28pm. Juano, dos minutos antes, me había llamado para preguntar por dónde estaba:

¾ Oe. ¿Dónde estás?

¾ Estoy a cinco minutos. ¿Estás con Rubén?   

¾ No. Qué va ser…Ya estamos acá. Ya pedimos...

¾Ja, ja, ja, ja. Espérenme. Ya llego.

¾Ya. Cabrito.

¾May.

La luz estaba en rojo. El bus no podía avanzar. Veo que el niño amoroso le hace una seña a su mamá. Ésta le dice algo. Por la distancia no logré escuchar lo que le dijo. Tampoco era mi intención. Luego, veo que el niño se para sobre su asiento: mira hacia su ventana, alza la mano con una bolsa de plástico, de esas que se usan para embolsar chifles o papas doradas, y la tira por la ventana. Así. Nada más. Sin mayor pudor ni vergüenza. Voltea hacia la madre y ella le da un gesto aprobador. El niño con un dibujo en el rostro y con la delicadeza de un cirujano, vuelve a tomar asiento. No pasó nada.

El acto se ganó todo mi repudio. Todo lo maravilloso que vi cuando el pequeño juagaba con su madre y ella le devolvía con algarabía la misma conducta, se fue con la bolsa de plástico tirada por la ventana. Cómo es posible que la madre le haya dado la venía a tan inocente criatura para tirar la basura por la venta. Con qué derecho esa señora ensucia nuestra ciudad. A caso le gustaría a la madre amorosa que vaya cualquier sujeto, le toque la puerta de su casa y le tire un papel o una bolsa sucia, como si su casa fuera el basurero municipal. Claro que no. A nadie le gustaría. Lo peor de todo, es que el acto lo realizó un menor, una personita que no tuvo ni la más mínima idea del daño que hizo. Por supuesto que tirar una bolsa de plástico no es un delito per se; obvio que no. Pero ese niño creyó obrar bien ¿Por qué? Bueno, porque se lo indicó su madre.

Qué pena da ser testigo de algo tan feo como es tirar la basura en la calle. Ese niño va a crecer pensando que las calles son el basurero de su vida. Entonces pensará que si su madre lo ilustra y lo empuja a hacerlo, es porque está bien. Por ende no nos puede sorprender que ese niño, el día de mañana, cruce peatones con las luces en rojo.

La madre debió corregir en el acto. Pero no lo hizo. Seguro porque también ella fue criada de esa forma, pensado que Lima es un gran basural. Qué pena me da.


Lo único que me puso de buen humor, fue encontrarme con mis primos.

 

Lima, 19 de marzo de 2013.

lunes, 18 de marzo de 2013

SÍ, GANÓ EL "NO"


 

 

Se dice que la voz de Dios es la voz del pueblo. Buen pues, ayer se escuchó su clamor y sus fieles decidieron darle una nueva oportunidad a la señora Susana Villarán. Esperemos que no la desaproveche.

Ayer todos los ciudadanos nos fuimos a hacer nuestra colita para votar por el SÍ o por el NO. Fue ¾como siempre¾ un desmadre total. Llegué a las nueve de la mañana a la Universidad Alas Peruanas que se encuentra en la Av. Pedro Ruiz Gallo, en Pueblo Libre. No había cola para ingresar al local, lo cual me puso de buen ánimo. Confirmé mi mesa y me dirigí al aula correspondiente (aula 418, cuarto piso). Llegué y vi a dos responsables ciudadanos haciendo su cola. Genial, seré el tercero en votar.   

 ¾ Oiga. Respete la cola pues…¾ me dijo una voz fuerte y ronca, casi marcial.

Al voltear me encontré con un señor ya entrado en años, alto, de espalda y hombros anchos y rostro duro como una piedra; feo el tipo.

¾ Disculpe. No lo vi ¾ le digo en tono condescendiente; acto seguido le dibujo una media reverencia y dejé que pase ¾, no fue mi intención tomar su lugar ¾ proseguí. El señor me plantó una mirada recia y arrugo la nariz, así como cuando se te juntas moscos en la nariz, así la arrugó.

¾No haga hígado, caballero. No es saludable¾ terminé de decirle esperando una respuesta majadera por parte del feo tipo. No tuve éxito. Solo me brindó su espalda de luchador retirado.

Ya en al dulce espera, la cola no avanzaba. En nuestra mesa estaban todos los miembros de mesa. Había llegado tarde el presidente y por eso recién firmaba cada planillón. Qué joda. Luego de firmar cada uno de los planillones, debíamos esperar a un encargado del Jurado Nacional de Elecciones a fin de que diera su visto bueno y poder así iniciar las votaciones. Sin embargo el robusto señor (del JNE) andaba en otras aulas supervisando que todo vaya con arreglo a ley. Mientras esperábamos, los ánimos de otras mesas comenzaban a caldearse. La gente estaba desde las siete y media de la mañana haciendo fila para votar e irse temprano a casita; pero nunca faltan los irresponsables, y menos en nuestro querido Perú. La mesa a la que hago referencia comenzó a pifiar a los miembros de mesa: Ya pe´, a las ocho de la mañana es pues. ¿Qué pasa? Otros le seguían el eco a la protesta. La mayoría de ésa mesa eran persona de notoria avanzada edad. Pobres en verdad. Cuando salí de votar, ellos aun ni comenzaban.

Ir a cumplir con el deber cívico es de cierta forma, y un tanto caprichosa, bonito. Y es que en estas ocasiones todos somos opinólogos; es cierto. A veces con fundamento y a veces sin él, pero a todos nos gusta dar nuestro parecer, nuestro punto de vista. El tipo feo que estaba delante de mí comenzó a carajear cuando el señor del JNE no llegaba a dar su visto bueno: «Carajo. Pa´ eso lo hacen a uno venir temprano. A caso es mucha ciencia esa cojudez, ¿ah? Por las huevas nos hacen venir. Por las huevas convocan esta consulta disque popular. Por las huevas, carajo» Espetó el furibundo señor. Yo trataba de mantener la calma. Es verdad que me molestaba estar esperando el visto bueno del JNE para dar mi voto, pero más me irritaba escuchar el quejoso señor. Tenía ganas de callarlo; de decirle unas cuentas verdades. Pero no valía la pena. De cierta forma, tenía razón. Luego llegó el señor del JNE, sujeto bajo de estatura, con aspecto descuidado, del cual saltaba a la vista su panza chelera; ni el chaleco rojo lo ayudaba. Al pasar por nuestro lado, el furibundo vecino le dijo en tono hostil:

¾ Ya era hora pues señor. Llevamos rato acá, caramba.

¾ Señor¾  le dijo el señor del JNE¾, no es la única mesa que debo atender. Paciencia por favor. Su tono fue amable y cortes. Entró rápidamente al aula.

¾ Paciencia. Paciencia… Paciencia que la tenga tu abuela. Idiotón¾ le mandó el feo tipo. Pero fue en vano. No lo oyó.  

Al terminar mi voto, me dirigí a las escalaras. Al bajar, las personas subían. Entre ellas muchas persona muy viejitas, otras, además de viejitas, estaban con un sobrepeso descomunal. Y otras, las más perjudicadas, eras discapacitados. Qué horror. Pobre gente. Cómo los hacen venir a votar en esas condiciones, más aún cuando las instalaciones ¾de cualquier recinto que se elija para votar¾ no cuentan con las condiciones que la ley les exige. Es una verdadera pena que una fiesta democrática como la que tuvimos ayer, sea un verdadero calvario para otras. Es una vergüenza que en pleno siglo XXI seamos testigos fieles de un proceso cívico propio del siglo XVIII.

 

En casa, tomando el café de las cuatro de la tarde, y en compañía de mi fiel Monk, llegó el Flash Informativo. Lo de esperarse, ganó el NO. Pese a que voté por ésa opción, mi corazón, muy en su fondo, esperaba que ganase el SI. Luego de saber los resultados que la señora Delta dio, Aldo Mariátegui, en presencia de Lourdes Flores Nano, dijo que ganó Favre. Y es verdad. Aunque su compañero Nicolás Luca lo llamó picón. Pero es verdad. No por nada fue contratado por Susana Villarán. Eso demuestra que no hubo una mala contratación. Que al igual que el Presidente Humala, Favre le dio la victoria.

Hoy ganó Lima…¾ dijo una muy contenta Susana Villarán. Frase robada del actual Presidente de México, el señor Enrique Peña Nieto. Obviamente se trata de una frase política. Una frase que enaltece “humildemente” la campaña por el NO. Supongo que ahora la señora Villarán se pondrá las pilas y cumplirá para lo que ha sido elegida y ratificada. De que se ha llevado un buen susto, ni dudarlo. Ahora ya saben y están advertidos los futuros alcaldes de Lima: Acá. Nosotros, no nos andamos con tonterías. O trabajas o te revocamos. El mensaje está dado.

Pero ojo. No nos confundamos ni traten de confundirnos. El NO ganó por una simple razón; bueno dos. La primera es porque la gente no quería volver a las urnas en los próximos meses (tiro que salió por la culata porque ahora tendremos que ir por los regidores). Dentro de la primera razón también se encuentra el tener que gastar más de cinco millones de soles para elegir a un nuevo alcalde, según. También porque tendríamos cuatro alcaldes en dos años; porque Lima de quedaría “paralizada”; y porque nadie se atrevería a reformar el transporte. La segunda razón la dejamos para otro comentario (el audio a Luis Castañeda L). La gente que votó por el NO, votó por la idea que Favre y su grupito vendió. Sin embargo, el NO, no ganó porque los vecinos de Lima, en su mayoría, estén a favor de su gestión. Por supuesto que no. Es más, no hay ninguna encuesta que diga que la gente, antes de ratificarla, votaría por el NO porque está contento con la gestión de la señora Villarán. Y eso algo que no se debe olvidar. Ha ganado Susana Villarán porque ha sido en mal menor. Cruel, pero cierto.

Por el bien de Lima, esperemos que nuestra alcaldesa haya aprendido la lección:
 
¡A Lima se la respeta!

 

 

Lima, 18 de marzo de 20123.